En la imagen original la vegetación aparecía integrada en negro dentro del propio
dibujo. En esta reinterpretación, el bordado transforma esos elementos en pequeñas
ramas que evocan al romero, introduciendo un símbolo profundamente vinculado a la
memoria, la tradición y lo ritual mediterráneo. El color rompe la uniformidad de la
línea y aporta una presencia orgánica y viva a la escena.
El hilo actúa aquí como una prolongación emocional del trazo, desplazando la obra
hacia un territorio íntimo y contemporáneo donde lo clásico dialoga con la memoria
textil y popular.