La pieza recupera uno de los dibujos que Federico García Lorca regalo a Gregorio
prieto, trasladándolo al lenguaje del hilo y situándolo en un contexto contemporáneo a
través de color y material textil.
La incorporación de una tela tornasolada con matices arcoíris introduce una lectura
vinculada con la identidad. Estableciendo un puente entre la sensibilidad de la
Generación del 27 y las miradas actuales sobre el deseo y la disidencia.
La obra plantea, así como una reinterpretación íntima y contemporánea del vínculo
artístico y humano entre Lorca y Gregorio.