La obra sitúa un corazón anatómico sobre tejido tradicional manchego, estableciendo
un diálogo directo entre cuerpo, territorio y memoria cultural.
La utilización de la tela manchega conecta la pieza con las raíces populares y con el
universo visual ligado a Gregorio Prieto y a su tierra natal. Frente a la precisión del
dibujo anatómico, el tejido aporta textura, tradición y una dimensión domestica
vinculada a lo artesanal.