Antes de llegar a un bastidor terminado, hay una mesa, una luz de mañana, hilos esperando su turno. Este es ese espacio: no el resultado, sino el gesto que lo hace posible.
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Cada mañana, antes de elegir un hilo, elijo un silencio. Ahí empieza todo.
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El color no se decide, se reconoce. Sé que es el correcto cuando deja de dudar.
Este taller no es un decorado. Es donde la fragilidad se convierte, hilo a hilo, en algo que se sostiene.